Os resumimos un artículo escrito por Paul Hardy, consultor del sector de control de plagas en EEUU con más de 55 años de experiencia, en referencia a los tratamientos contra termitas y cómo les afectan las inundaciones…

“He recibido muchas llamadas y correos electrónicos de los profesionales de control de plagas en zonas afectadas relativas a las inundaciones provocadas por huracanes y otras condiciones climáticas inusuales. La pregunta que recibo es: ¿Qué pasa con nuestros clientes de termitas en las zonas donde se han producido inundaciones y que han experimentado situaciones de agua estancada o en movimiento?»

¿CÓMO AFECTAN LAS INUNDACIONES A LOS TRATAMIENTOS CONTRA TERMITAS?

¿CÓMO AFECTAN LAS INUNDACIONES A LOS TRATAMIENTOS CONTRA TERMITAS?

Para responder a esta pregunta, hay que echar un vistazo al método de trabajo de termitas en las secuelas de las inundaciones. Desde 1995-1996, la industria en su conjunto ha estado realizando el control de termitas de forma diferente. En 1995, muchos profesionales del control de plagas comenzaron a usar cebos como método de tratamiento primario. Más tarde, en 1996, fueron reintroducidos los termiticidas no-repelentes.

El primer termiticida no repelente que se utilizó fue el clordano. La mayoría de nosotros no sabíamos que el clordano era no-repelente y lo que eso significaría para el control de termitas. Los termiticidas no son todos iguales. Algunos podrían agregarse a los hidrocarburos clorados del agua unidos firmemente al suelo, y durarían mucho tiempo si no hay alteraciones en el suelo o de movimiento. Los organofosforados también han demostrado que permanecen en el suelo durante más de 35 años en algunos sitios donde se han realizado pruebas (Gulfport, Mississippi). Los piretroides, como una categoría general de termiticidas, también se agregan muy bien a la materia orgánica y al suelo, permaneciendo por muchos años. La bifentrina puede ser la de más larga duración, con más de 26 años de presencia al realizar análisis de suelos.

Lo desconocido son los nuevos termiticidas, que se han sometido a los 21 años de análisis en suelos de EEUU. El problema es que los nuevos termiticidas, por diseño, no fueron hechos para durar en los diferentes tipos de suelos tanto como los antiguos. Algunos de ellos están mostrando residuos que pueden ser tan duraderos como el clordano, que será el siguiente problema medioambiental.

La mayoría de los termiticidas son estables cuando se aplican al suelo y se permite que dicho suelo se seque. Para poder retirar un termiticida de una partícula de arena, los termiticidas tendrían que ser sometidos a un disolvente o algún tipo de sustancia química que haría que el termiticida se mueva. Las lluvias normales sin un movimiento del suelo no generan problemas. Pero con las inundaciones y las fuertes lluvias, el problema es el movimiento del suelo, no el agua en sí misma.

La erosión del suelo puede provocar movimientos del mismo, o que se cubran las paredes de los cimientos o las zonas verticales de los edificios tratados. Por otro lado, el agua estancada puede crear otros problemas, tales como la putrefacción, descomposición, hongos y moho. Además, el agua en movimiento trae consigo arena, escombros, sedimentos, y los aceites de carreteras, vías de acceso y sistemas de drenaje. Estos pueden acumularse alrededor de las estructuras que cubren las zonas tratadas.

Los cebos son otra historia. Con los programas de cebo independientes no hay barrera o zona tratada ya que se utilizan con termiticidas líquidos no-repelentes. Los cebos han completado 20 años de uso de campo y con el mantenimiento adecuado, pueden tener los mismos resultados que los tratamientos líquidos.

Las inundaciones pueden traer todo tipo de escombros y depositarlo en la parte superior de las estaciones de cebo y monitoreo, lo que puede dificultar la localización de las estaciones. El agua estancada puede afectar a los cebos que se encuentran en las estaciones dañándolos.
Estudios anteriores han demostrado que el agua estancada durante varios días puede reducir en gran medida el tamaño de las colonias de termitas subterráneas y que la reconstrucción de dichas colonias puede alargarse durante varios años.

No hay una respuesta sobre qué hacer después de un huracán o una inundación. Cada situación puede ser muy diferente. Como mínimo, cada estructura en el área afectada debe ser inspeccionada y debe hacerse un expediente de las condiciones en las que se encuentra, como consecuencia de la tormenta. Las imágenes digitales son una gran herramienta para grabar lo que se descubre en el momento de la inspección.

Los tratamientos necesarios deben ser programados para realizarse después de que las reparaciones necesarias se realicen sobre la estructura y se estabilicen los cimientos. La aplicación de termiticidas y la instalación de sistemas de cebo antes de la realización de las reparaciones necesarias y completar una correcta cimentación sólo da como resultado la realización de trabajo adicional. El suelo debe estar seco y volver a su estado normal previamente a la instalación de los sistemas de cebo y a la finalización del tratamiento. Hay que recordar que el suelo se considera seco cuando no se puede sacar agua de él con las manos.

Los sistemas de cebo que se han cubierto con agua durante cualquier periodo de tiempo seguramente pueden necesitar ser reemplazados. Los cebos en el suelo deben ser reemplazados por una estación de monitoreo. Por otro lado, si una estación estuviera cubierta de suciedad que pueda haber contenido babosas, puede ser necesario reemplazar dicha estación. Aquellas estaciones que faltan y que no pueden ser localizadas deben ser sustituidas de acuerdo con el informe de seguimiento de la última inspección.

Basándose en pasadas inundaciones y en los problemas del agua estancada, sabemos que eso no mata a todas las termitas. A lo sumo, sólo les ralentiza por un tiempo y luego regresan con ganas de “venganza”, especialmente en el caso de las termitas de Formosa. La inspección frecuente es la clave del éxito de control de termitas.

Fuente: Anecpla

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